Mihaela Radulescu/19.09.16
El texto literario, cuando cruza las
fronteras de lo verbal, puede ser el inicio de expresiones que reinician el
núcleo semiótico del texto para generar nuevos recorridos, condensados
semánticos que pueden ser un cuadro, una escultura, un video, una pieza musical.
Se establece en consecuencia una intersemiótica.
Un ejemplo clásico es la escultura de Laocoonte,
siguiendo el relato de la mitología griega. La pregunta es: ¿ Qué escena
escoger y cómo sintetizar reuniendo en su conjunto los rasgos narrativos y discursivos
que aparecen en la linealidad del relato?
El relato se refiere a un episodio de la
guerra de Troya, cuando los griegos engañaron a los troyanos con un caballo de
madera como regalo, en el cual se escondieron para ingresar a la ciudad y
conquistarla desde adentro.
“Un magnífico caballo, todo de madera.
Los troyanos lo rodean, contemplándolo.
Sólo Laocoonte mira suspicaz esa ofrenda
abandonada por los griegos en la costa.
El sacerdote aconseja a los troyanos que no
acepten pues sospecha que allí hay una traición. Queriendo probar lo que dice
lanza un dardo contra el caballo: el impacto produce un sonido hueco. Laocoonte
propone que quemen el caballo, pero nadie le hace caso. Todos creen que los
griegos desean la paz y que han dejado el caballo en la playa para propiciarse
a Neptuno (Poseidón) y así tener vientos marinos favorables.
Diez años antes, cuando los griegos
desembarcaron en Tróade, los troyanos habían matado a su sacerdote de Neptuno,
acusándolo de no haber hecho sacrificios que agradasen al dios. Ahora pedían a
Laocoonte que ocupase el lugar del sacerdote muerto.
Laocoonte aceptó la designación: era inútil
seguir previniendo a sus compatriotas con respecto al caballo. Se preparaba
para inmolar un toro gigantesco, cuando dos serpientes salieron del mar y se
lanzaron sobre los hijos del sacerdote, queriendo ahogarlos. Laocoonte corrió a
salvarlos y resultó muerto.
En todas las mentes surgió el mismo
pensamiento: Laocoonte había muerto por oponerse a la aceptación del presente.
Había sido impío y en su muerte recibía el castigo: un motivo más para aceptar
el regalo.
Caía la noche cuando el majestuoso caballo
entró al interior de las murallas, llevando consigo la destrucción de la
ciudad.”
Y la obra más conocida inspirada en el
relato:
Obra del siglo I d. C., de los artistas Agesandro,
Polidoro y Atanadoro, de la Escuela de Rodas. Pertenece a la última etapa de la
escultura clásica griega, el llamado período helenístico.
Se supera las secuencias del relato
escogiéndose una escena, centrada no sólo en el acto propiamente dicho sino en
el carácter y la sensibilidad del personaje. Al respecto, los comentarios de Winckelmann,
publicados en 1764 en su renombrada Historia del Arte de la Antigüedad:
«Laocoonte nos ofrece el espectáculo de una
naturaleza sumergida en el más vivo dolor bajo la imagen de un hombre que reúne
contra sus ataques toda la fuerza de su alma. Mientras sus sufrimientos hinchan
sus músculos y contraen sus nervios, veis su espíritu armado de fuerza
resplandecer sobre su frente surcada y su pecho, oprimido por la violenta
respiración y la contracción cruel, elevarse con esfuerzo para contener y concentrar
el dolor que lo agita. Los gemidos ahogados y el aliento retenido extenúan la
parte inferior de su cuerpo, hunden sus flancos, lo cual nos deja ver, por así
decir, sus vísceras. Sin embargo, sus propios sufrimientos parecen afectarle
menos que los de sus hijos, que elevan los ojos hacia él implorando su ayuda.
La ternura paternal de Laocoonte se manifiesta en sus miradas lánguidas: la
compasión parece flotar sobre sus pupilas como un sombrío vapor. Su fisonomía
expresa las quejas y no los gritos, sus ojos dirigidos hacia el cielo imploran
la ayuda suprema. Su boca respira la postración y el labio inferior que
desciende está agobiado por ella; pero en el labio superior levantado su
postración está unida a una sensación dolorosa. El sufrimiento, mezclado de
indignación por el injusto castigo, sube hasta la nariz, la hincha y estalla en
las aletas dilatadas y levantadas. Bajo la frente se representa con la mayor
sagacidad el combate entre el dolor y la resistencia que están como reunidos en
un punto pues, mientras que aquél le hace levantar las cejas, ésta comprime la
carne sobre el ojo y la hace descender sobre el párpado superior, casi,
enteramente cubierto por ella. El artista, al no poder embellecer la
naturaleza, se ha aplicado a darle más contención, más vigor: allí mismo donde
ha puesto el mayor dolor se encuentra también la belleza más alta. El costado
izquierdo, en el cual la furiosa serpiente arroja por la mordedura su veneno
mortal, es la parte que parece sufrir más debido a la proximidad del corazón, y
esta parte del cuerpo puede decirse que es un prodigio del arte. Quiere
levantar las piernas para sustraerse a sus mandíbulas. No hay parte alguna en
reposo. El mismo toque del maestro contribuye a la expresión de una piel
entumecida.
El carácter general en que reside la
superioridad de las obras de arte griegas es el de una noble sencillez y una
serena grandeza, tanto en la actitud como en la expresión. Así como las
profundidades del mar permanecen siempre en calma por muy furiosa que la
superficie pueda estar, también la expresión en las figuras de los griegos
revela, en el seno de todas las pasiones, un alma grande y equilibrada.
Tal es el alma que se revela en el rostro
de Laocoonte (y no sólo en el rostro) dentro de los más violentos sufrimientos.
El dolor, que se manifiesta en cada uno de los músculos y los tendones del
cuerpo y que, aún sin considerar el rostro y las restantes partes, se cree casi
sentir en uno mismo a la sola vista del bajo vientre dolorosamente replegado;
este dolor, decía, no se exterioriza, sin embargo, en el menor rasgo de
violencia en el rostro ni en el conjunto de su actitud. Laocoonte no profiere
los horrísonos gritos de aquel sacerdote al que cantó Virgilio: la abertura de
la boca no lo permite; se trata más bien de un gemido angustioso y acongojado
como el que describe Sadoleto en De Laocoontis Statua. El dolor del cuerpo y la
grandeza del alma están repartidos, y en cierto modo compensados, con el mismo
vigor por la entera estructura de la figura. Laocoonte sufre, pero sufre como
el Filoctetes de Sófocles: su miseria nos alcanza hasta el alma, pero
desearíamos poder soportar la miseria como este gran hombre.
Ante el espectáculo de este prodigio del
arte, olvido todo el universo; yo mismo tomo una posición más noble para contemplarlo
con dignidad. De la admiración paso al éxtasis. Embargado de respeto, siento mi
pecho que se dilata y se eleva, sensación que experimentan los poseídos por el
espíritu de las profecías. ¡Cómo poder describirte, oh inimitable obra de arte!
Haría falta que el Arte mismo se dignara inspirarme para conducir mi pluma.»
Otras expresiones:
Laocoonte, El Greco (1604-1614)
Andreu Alfaro Laocoonte. Alle Origini dei Musei
Vaticani. Musei vaticani, Ciudad del Vaticano, 18 noviembre -28 febrero,2007
A diferencia de la pintura y de la
escultura, el video dispone de una secuencialización , que no necesariamente
debe respetar las secuencias del relato.
El director de cine Lars Von Trier lanzó en
2012 un proyecto participativo llamando a artistas aficionados de todo el mundo
para que reinterpreten a través de algún soporte visual o sonoro en grabaciones
que no vayan más allá de los cinco minutos seis obras maestras, que
corresponden a las seis disciplinas descritas por Hegel en su teoría estética :
“Ulises”, de James Joyce, “ El padre”, de August Strindberg, la pintura ¿De
dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?, de Paul Gauguin, la Sonata en A
mayor para violín y piano: 1 Allegreto leg moderato, de César Franck, el hipnótico baile de Sammy Davis Jr, en
Coreografía, de 1969 y la tribuna del estadio de Núremberg, a cargo del
arquitecto Albert Speer, en el que se celebraron los multitudinarios mítines de
Hitler. Previa selección se realizó una obra colectiva llamada Gesamt ( todo,
entero, íntegro en alemán), producida por el Festival de Arte de Copenhague. El
nombre hace alusión a la suma de artes propia de la tragedia griega. Los
participantes enviaron sus participaciones a través de la web del proyecto: Gesamt.org. Se
recibieron 501 participaciones de 52 países. Fueron seleccionadas 142.
Un ejemplo: la interpretación del
soliloquio de Molly Bloom de Ulises de James Joyce, dirigida por Leo Spauls .
Leo Spauls
"Molly Bloom" from Lars von Trier's GESAMT
https://www.youtube.com/watch?v=vlMv645135c
El proyecto- que apela a las estrategias
del crowdfunding – propone la deconstrucción y reconstrucción de la estructura
semio-narrativa de las obras, en un registro expresivo nuevo, que plantea sus
propias condiciones. Algunas otras propuestas: Britt Hansen, estudiante de cine
danesa de 21 años, filmó una breve historia de tres minutos en la que se
adentra en el cuadro de Gauguin; otros crearon
objetos fílmicos inspirados en la obra de Speer.
¿ Qué videos , siguiendo el mismo
procedimiento de deconstrucción-reconstrucción
de una obra con lenguaje diferente, se conocen?
En el cine, podría recordarse, por la
distancia que toma, la película “Blow Up” de Antonioni, inspirada en el relato
de Julio Cortázar “Las babas del diablo”, que apareció en el libro “Las armas
secretas”.
Finalmente, la imagen puede poner de
manifiesto un relato implícito, no escrito, como el que está incluido en las
secuencias de la muestra fotográfica “Havana” de Micheal Eastman.





















